Destinos de lujo en Navidad

En algunas oportunidades el Lujo está dado tan sólo por la ciudad donde sucede. Estos son las 20 selecciones de DutyVip.com

Las fiestas y festejo de Navidad son la excusa perfecta para preparar la maleta y hacer el último viaje del año. En Nueva York, Londres, Québec o Berlín en otra época. Si vuelves en Navidad, es como si lo hicieras por primera vez. Y es que durante estos días, las ciudades se transforman por completo y sacan a relucir sus mejores galas y tradiciones. Estos son 20 destinos a los que se debería volver siempre (o al  menos una vez) en Navidad. Nueva York encabeza el ranking por que pareciera que es el símbolo en el cine donde más se disfruta la Navidad.

El encendido del árbol en el Rockefeller Center con sus 45.000 bombillas y sus 23 metros de altura marca cada año el inicio de las fiestas navideñas en Nueva York. Una ciudad que se ha convertido en todo un clásico para estas fechas (y eso que hace un frío que pela). Una vez en la vida (por lo menos) hay que viajar hasta la Gran Manzana para despedir el año en Times Square, patinar en las pistas de hielo de Rockefeller Center y la instalada en Central Park.

Al menos una vez en la vida hay que disfrutar de una navidad a la alemana. ¿Y qué mejor lugar que Berlín? La ciudad más monumental e histórica del país ofrece unas fiestas donde las luces de colores rivalizan con el manto blanco de la nieve en las calles. Para combatir el frío, no hay nada mejor que pedir unas típicas bratwurst acompañadas de vino caliente en un puesto callejero. Para los shopaholic de regalos navideños, hay más de medio centenar de weihnachtsmarkt (mercados navideños) repartidos por toda la ciudad. En la foto, los árboles de Unter den Linden se iluminan cada año por estas fechas.

El casco histórico de Bratislava parece el escenario de un cuento de Navidad. Su laberinto de calles empedradas y plazuelas con el castillo presidiendo en lo alto de una colina nos invitan a perdernos en la ciudad. En uno de sus coquetos cafés podemos probar los delicisosos pastelitos navideños a precios muy razonables. Y en el mercado de la Plaza Mayor, comprar alguna artesanía típica para llevarnos de recuerdo.

Pasar las Navidades en Estrasburgo es toda una delicia. Con una mezcla de tradiciones galas y germánicas, esta encantadora ciudad puede presumir de tener el mercado navideño más antiguo de Francia, el cual se remonta a 1570. Se trata del Christkindelsmärik, que entre decoraciones navideñas y belenes ofrece también ricas confiterías acompañadas de vino caliente. Otro festival de sabores navideños es el que ofrece el mercado de los sabores de Alsacia, en la plaza des Meuniers; o el de Bredle en la plaza de Austerlitz, famoso por sus riquísimas galletas navideñas.

Madrid es otra ciudad que empapa sus calles de un gran espíritu navideño. La Puerta del Sol con su gran árbol de Navidad iluminado es una cita obligatoria para despedir el año por todo lo alto. Hasta entonces, la fiesta está en el tradicional mercado de la Plaza Mayor, donde las pelucas, los disfraces y los artículos de broma convierten el lugar en un verdadero Carnaval. Para terminar bien la noche, lo mejor es llenar el estómago con una buena ruta de tapeo o calentarnos disfrutando de un buen chocolate con churros en la cafetería de San Ginés.

No hay mejor Navidad alpina como la que se vive en Salzburgo. La ciudad austriaca ofrece desde los tradicionales pasacalles de los diabólicos Krampus y Perchten que van dando pequeños azotes de la suerte -por cierto, dan mucho miedo- a conciertos y recitales de literatura. Pero no sólo eso: la ciudad que vió nacer a Mozart y al famoso villancico ‘Noche de Paz’ es también una verdadera joya barroca donde la música se siente en todos los rincones. Aquí se viene a disfrutar y sobre todo a cantar.

El frío invierno moscovita no es obstáculo para salir a la calle y vivir de lleno la Navidad. Sólo un apunte: en Rusia, la Navidad se celebra el 7 de enero (no el 25 de diciembre), tal como marca el calendario de la Iglesia Ortodoxa. Ese día, siguiendo la tradición, los moscovitas sólo se alimentan de agua y semillas de trigo, un ayuno que después se ve recompensado con el gran banquete de la noche. Otra diferencia: aquí Papa Noel se llama en realidad Ded Moroz, un ‘Abuelo frío’ que siempre viaja junto a su nieta Snegúrochka o ‘Nievecita’, repartiendo regalos. El enorme árbol de Navidad que se coloca en la plaza del Kremlin es otra estampa tradicional que no hay que perderse.

Para quienes busquen mercados navideños difícil de olvidar, su destino es sin duda Núremberg. Esta ciudad alemana presume de tener el mercado de Navidad más famoso del mundo, con una tradición de casi cuatro siglos. Hablamos de Christkindlesmarkt. Sus puestos son una delicia. Y el marco en el que se encuentra, simplemente espectacular. Para probar, un dulce típico: Lebkuchen, un bizcocho de especias y miel para chuparse los dedos.

Londres es otra de las capitales europeas donde merece la pena viajar en Navidad. La ciudad brilla literalmente con todas las guirnaldas y juegos de luces iluminando parques, calles y centros comerciales. El más famoso: Harrods, su fachada es todo un espectáculo en sí mismo. El árbol navideño de Trafalgar Square, la pista de hielo bajo el London Eye (Eyeskate) o el mercado de Navidad Winter Wonderland en el corazón de Hyde Park son sólo algunos de los alicientes para vivir estas fechas como un verdadero londinense. Para los golosos, es una buena época para probar el Christmas pudding inglés.

Aún no has enviado la carta a Papá Noel? No te preocupes, si viajas hasta Rovaniemi podrás dársela en mano. En esta pequeña ciudad de la Laponia finlandesa vive la gran competencia de los Reyes Magos: Santa Claus. Situada en el Círculo Polar Ártico, entre bosques nevados, ríos de hielo y auroras boreales que iluminan el cielo, Rovaniemi se ha convertido en una atracción en sí misma cada Navidad gracias a este personaje tan carismático. Sobre todos los niños amarán este destino.

Viajamos al paraíso de los quesos y el chocolate para disfrutar de una Navidad de lo más romántica. Hablamos de Berna. En la capital suiza los tejados permanecen nevados todo el invierno, mientras la decoración de las casas y la música de los villancicos impregnan el ambiente de magia. Los singulares mercados abarrotados de artesanías y souvenirs llenan las plazas del casco histórico. Uno de los más llamativos es el que se encuentra en Münsterplatz, en la Plaza de la Catedral. Berna ofrece también una pista de patinaje en Bundesplatz, la Plaza del Parlamento. Y para entrar en calor, nada mejor que un vasito de Glühwein, un vino aromático caliente que quita los sentidos.

Cuando pensamos en la Navidad y en Barcelona nos viene a la mente un simpático personaje de la tradición catalana: el caganer. Ningún personaje se libra de enseñar su trasero: desde Mick Jagger a Superman, pasando por Darth Vader o el Papa Francisco. En la Ciudad Condal es posible encontrar cualquier caganer que queramos para colocarlo en nuestro belén. Veremos algún caganer posando en el tradicional pesebre de la Plaza Sant Jaume o expuestos en el mercadillo navideño de la Plaza de la Catedral. En la foto, una calle iluminada en el barrio gótico.

Estocolmo nos ofrece la oportunidad de vivir una Navidades tradicionales al más puro estilo escandinavo. El Gamla Stan, su casco histórico, se llena de luces, villancicos y mercados tradicionales para celebrar lo que los suecos llaman Jul (Navidad). En la mesa, llega lo mejor de todo: el julbord, el bufé típico sueco que se prepara en Nochebuena formado por 101 platos diferentes. Aquí es imposible quedarse con hambre. También lo sirven durante todo el mes de diciembre en los restaurantes de la ciudad. Y para los golosos, aún hay más: lussekatte (bollitos de canela) y pepparkakor (galletas de jengibre) para mojar en un buen vaso de glögg (vino caliente con especias).

Calor y mucho color. Esto es lo que encontramos en una ciudad como Sidney en Navidad, donde el frío y la nieve no existen. Es chocante ver a Papa Noél paseando por la playa entre bañistas en bikini o disfrutar de un desfile de Santa Claus mientras nos abanicamos de calor. Sidney ofrece unas fiestas diferentes llenas de contrastes y con un gran espíritu navideño. Además, son de los primeros en recibir el año nuevo.

Frohe Weihnachten, dice un cartel de luces a la entrada del Mercado Christkindlmarkt de la Rathausplatz de Viena, uno de los más emblemáticos de la ciudad. Aunque no el único. Viena cuenta con una decena de pintorescos mercados navideños, muchos de ellos con más de 700 años de tradición. La nieve junto a edificios tan emblemáticos como el Palacio de Schönbrunn, la Karlskirche, el Palacio Belvedere o el

Ayuntamiento ofrecen el mejor decorado de cuento para la hermosa ciudad de la Emperatriz Sisí.

Si midiéramos el espíritu navideño por la cantidad de luces que decoran una ciudad, diríamos que Medellín es una de las ciudades más Navideñas del Planeta. Este año, la ciudad colombiana cuenta con 27 millones de bombillas y 760 kilómetros de mangueras luminosas. Su tradicional alumbrado es todo un festival de color que hace brillar la ciudad más que nunca. Dicen que es uno de los diez alumbrados más bonitos del mundo. Y no lo dudamos. Para quienes sean sensibles a la luz, mejor echar a la maleta unas gafas de sol (por si acaso).

Québec es un destino perfecto para disfrutar de unas navidades realmente blancas. Una fina capa de nieve sirve de alfombra por toda la ciudad. Aquí los villancicos se cantan en francés y en inglés, mientras los mercados navideños ofrecen artesanías y los mejores manjares culinarios de Canadá: vinos, sidras, quesos y hasta marisco. Las navidades canadienses son también unas fiestas muy dulces: destacan los barley candies, unos caramelos a base de malta con formas navideñas; y los chicken bones, huesos de pollo rosados con sabor a canela y chocolate.

Roma es una ciudad de tradiciones y en Navidad no podía ser menos. Durante este mes, la ‘ciudad eterna’ se vuelca con los preparativos navideños. Para visitar: no hay que perderse el Presepe (Belén) de la Piazza San Pietro en el Vaticano o el de la Piazza di Spagna. Los mercados navideños los encontraremos en el Campo de´Fiori y en la Plaza Navona, éste con más de un siglo de antigüedad. Aquí podemos degustar un buen pannetone o incluso desafiar al frío con un sabroso gelato. De recuerdo, es muy típica la figurita de la Bruja de la Befana, que según la tradición, visita las casas de todos los niños la noche de cinco de enero dejando regalos en sus calcetines. Y para Nochevieja, olvídate de las uvas, aquí lo que se come son lentejas.

Viajamos hasta Río de Janeiro para despedir el año a ritmo de samba. La ciudad brasileña es uno de los puntos calientes del planeta donde celebrar la Navidad. Es un lujo poder hacerlo en la playa de Copacabana, con unas temperaturas envidiables y bajo unos fuegos artificiales de película. Desde 1996, Río de Janeiro enciende el árbol navideño flotante más alto del mundo. Este año pesa 542 toneladas y luce 3,3 millones de bombillas que forman figuras navideñas. Todo un récord de Guinness.

El último destino no es el menos importante, todo lo contrario, por lo que París engalana todos sus monumentos con la llegada de la Navidad. La ‘ciudad de la luz’ brilla más que nunca y por eso no podíamos olvidarnos de ella en ese ranking navideño. Es memorable ver los Campos Elíseos iluminados, al igual que los grandes almacenes como Printemps y Lafayette o la gran noria de la Plaza de la Concordia. Para celebrar bien los últimos días del año, nada mejor que una romántica cena en uno de los restaurantes de la Torre Eiffel. Las vistas sobre la ciudad seguro que nos dejan boquiabiertos.

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